May 25, 2016

La contradicción de Castañeda

Debo decir que coincido con el planteamiento de Jorge Castañeda, quien en el artículo “Por una candidatura independiente única” publicado en la revista Nexos dice:

Estoy más convencido que nunca de que hoy, en México, una candidatura sin partido a la presidencia de la República es una condición indispensable, aunque no suficiente, para consumar los cambios que requiere el país. La exterioridad al sistema, a la partidocracia, a las redes de complicidad, corrupción o pasividad ante la corrupción, a las omisiones y comisiones en materia de derechos humanos, a la aceptación tácita o abierta de la impunidad, es un requisito imprescindible para avanzar en estos frentes. Avanzar en ellos, a su vez, representa un imperativo para crecer, distribuir, educar y proteger.

Por otra parte en su libro “Sólo así: Por una agenda ciudadana independiente” afirma que:

La corrupción política y la impunidad criminal son los grandes surtidores del descontento mexicano.

Y más adelante dice:

Hoy en México la corrupción agobia, indigna o deprime a los estamentos modernizados de la sociedad. Ciertamente, los sectores tradicionales y de menores ingresos padecen más los estragos de la corrupción que los pertenecientes  a la sociedad globalizada, al enfrentarse a sus efectos todos los días, en todas partes.

Es decir, los funcionarios públicos desvían los recursos impunemente y otros voltean al otro lado, previo pago de prebendas, para facilitarles su cometido. En otro artículo, éste de Patrick Iber, titulado “Las dos izquierdas de Jorge Castañeda” el autor critica la propuesta de Castañeda y dice:

Sin embargo, él insiste en que hay ideas no revolucionarias, como un impuesto a la herencia, que se debe implementar antes de perder la esperanza.

¿Cómo puede Castañeda proponer mayores impuestos cuando él mismo reconoce que los funcionarios públicos los desvían?

Gabriel Zaid, en su obra “El progreso improductivo”, argumenta:

Aumentar los impuestos aumenta la desigualdad, porque el dinero no va a dar a los pobres sino a la población piramidada (funcionarios, empleados, contratistas, proveedores, universidades) ocupada en ofrecer satisfactores que corresponden a un modelo no generalizable.

Aumentar los impuestos sin eliminar la corrupción es como querer apagar el fuego con gasolina. La forma de distribuir el impuesto a la herencia sólo alimentará a la estructura que se beneficia del statu quo. Zaid dice:

La pretendida ayuda a la población más pobre, por medio de la transferencia de servicios en especie, ni llega a esta población (a menos que se mueva a las pirámides) ni corresponde a sus necesidades: consiste en ampliar la oferta de servicios costosos, dando empleo burocrático, institucional, académico, a la clase media urbana, y sobre todo a la universitaria, que es la que más partido le saca a los problemas nacionales para aumentar la venta de sus servicios. (También servicios de crítica como este libro.)

Es decir, antes de plantear subir los impuestos para distribuir la riqueza que terminaría en las bolsas de funcionarios, burócratas y académicos (los estamentos modernizados de la sociedad o la sociedad globalizada), primero debería acabar con la impunidad y la corrupción, establecer el salario mínimo universal y luego, pensar en aumentar los impuestos.

© Jorge Ikeda 2017