El día de hoy, la periodista Dolia Estévez ha dado a conocer un titular del Washington Post en el que se señala que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) asumirá un papel más relevante en la lucha contra el narcotráfico. En respuesta a esta escalada en la estrategia estadounidense, la presidenta Claudia Sheinbaum ha advertido que, en caso de que Estados Unidos declare a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas, su gobierno ampliará la demanda contra los fabricantes de armas en el país vecino. Un giro retórico que, más allá de su intención, deja entrever una ironía involuntaria.
Mientras tanto, las incursiones de aeronaves de reconocimiento estadounidenses sobre aguas internacionales cercanas a México se han intensificado en las últimas semanas:
31 de enero de 2025: Se detectó el vuelo de una aeronave militar estadounidense en espacio aéreo internacional, en las inmediaciones de la frontera mexicana. Las autoridades nacionales no especificaron el tipo de aeronave involucrada. (laparadoja.com.mx)
3 de febrero de 2025: Se registró otra operación aérea con características similares a la anterior. Una vez más, no se proporcionaron detalles sobre el modelo de la aeronave. (laparadoja.com.mx)
4 de febrero de 2025: Se reportó una misión de reconocimiento llevada a cabo con un Boeing RC-135V Rivet Joint, una aeronave especializada en espionaje de comunicaciones y señales electrónicas. La trayectoria de este vuelo incluyó un recorrido alrededor de la península de Baja California. (infobae.com)
A estos eventos se suman al menos otras 18 misiones de vigilancia en la frontera con México, mientras diversos medios estadounidenses han reportado que la CIA opera en territorio nacional mediante drones no tripulados del tipo MQ-9 Reaper. La pregunta inevitable es: ¿qué sigue?
Donald Trump parece dispuesto a cumplir su promesa de campaña de actuar de manera unilateral contra los cárteles en territorio mexicano, aun cuando ello pueda deteriorar la cooperación bilateral entre ambos países. En declaraciones recientes, el expresidente afirmó que “México está gobernado por los cárteles del narcotráfico”, una aseveración que, más allá de su intencionalidad política, añade tensión al ya complejo panorama diplomático.
Ante este escenario, ¿cómo responderá el gobierno mexicano? Más allá de las protestas diplomáticas y las notas de queja tradicionales, es previsible que la administración de Sheinbaum adopte una postura de resistencia simbólica, envuelta en el discurso nacionalista. Sin embargo, esta estrategia podría traducirse en un desgaste político significativo.
El señalamiento recurrente de altos mandos militares estadounidenses sobre la presunta pérdida de control del Estado mexicano sobre amplias regiones del país cobra ahora una nueva dimensión. Si bien hasta el momento tales afirmaciones han sido rechazadas por el gobierno mexicano, una ofensiva estadounidense contra los aliados del oficialismo complicaría aún más el equilibrio de poder. La confrontación podría derivar en una crisis diplomática y en un debilitamiento del respaldo popular hacia el partido en el gobierno.
Cabe recordar que el expresidente Andrés Manuel López Obrador ya había advertido que la administración de Sheinbaum no debía embarcarse en una guerra contra el narcotráfico, pues ello implicaría romper una relación que su movimiento político considera parte del “pueblo”. En este contexto, cualquier acción o inacción del gobierno mexicano ante la creciente presión estadounidense tendrá consecuencias políticas de gran calado.