Uno de los conceptos más conocidos de la teoría de juegos es el dilema del prisionero. Dos detenidos enfrentan una decisión aparentemente sencilla: delatar a su compañero para reducir su propia condena o guardar silencio y confiar en que el otro haga lo mismo. Aunque la cooperación ofrece el mejor resultado para ambos, el incentivo individual suele empujar a cada uno a traicionar al otro, produciendo un desenlace peor para los dos.
Ese parece ser el dilema que Estados Unidos ha planteado a diversos integrantes de Morena. De acuerdo con The New York Times, en un artículo publicado el 27 de junio de 2026 titulado “Mexican Officials Have Become Informants for the Trump Administration”, los periodistas Steve Fisher, Jack Nicas y Alan Feuer sostienen que, al menos, doce funcionarios de la actual administración han decidido colaborar con las autoridades estadounidenses, proporcionando información sobre las estructuras políticas y criminales bajo investigación.
En un artículo de opinión publicado en la columna Política Zoom del diario Milenio, titulado “DEA aguijonea delaciones”, Ricardo Raphael sostiene que, para las autoridades estadounidenses, el testimonio de un funcionario público posee un valor probatorio y estratégico muy superior al de un narcotraficante. Bajo esa lógica, la DEA habría concentrado parte de sus esfuerzos en obtener la cooperación de integrantes del aparato gubernamental, pese a los reiterados llamados de la presidenta Claudia Sheinbaum a mantener la unidad y cerrar filas en torno al partido gobernante.
Fuentes extraoficiales señalan que la publicación de The New York Times provocó una discreta cacería de brujas al interior de Morena para identificar posibles filtraciones. La presidenta enfrenta así su propia versión del dilema del prisionero: proteger la cohesión política o facilitar información que pueda comprometer a integrantes de su propio movimiento. Al mismo tiempo, ambos gobiernos parecen operar con objetivos distintos. Mientras la estrategia mexicana apuesta por ganar tiempo y esperar un escenario político más favorable tras las elecciones intermedias de Estados Unidos, Washington parece concentrado en un objetivo diferente: desarticular la relación entre organizaciones criminales y funcionarios públicos, convencido de que sin romper ese vínculo cualquier esfuerzo para contener el tráfico de drogas tendrá un alcance limitado.
Desde una perspectiva de inteligencia, el aspecto más relevante no es cuántos funcionarios han decidido colaborar, sino el efecto que genera la posibilidad de que existan informantes dentro del propio sistema. En operaciones de contrainteligencia, la simple incertidumbre deteriora la confianza interna, dificulta la coordinación y obliga a los actores a dedicar recursos a protegerse entre sí, en lugar de concentrarse en sus objetivos políticos. Cuando eso ocurre, el dilema del prisionero deja de ser un ejercicio teórico y se convierte en un instrumento de presión capaz de modificar el comportamiento de toda una organización.
Fuentes consultadas 🔗
- Fisher, Steve; Nicas, Jack; Feuer, Alan. “Mexican Officials Have Become Informants for the Trump Administration”, The New York Times, 27 de junio de 2026.
- Ricardo Raphael. “DEA aguijonea delaciones”, columna Política Zoom, Milenio, junio de 2026.
- Concepto de referencia: Dilema del prisionero, teoría de juegos desarrollada por Merrill Flood y Melvin Dresher y formalizada por Albert W. Tucker.