December 29, 2017

El pueblo no se equivoca

En la obra Liberalismo y democracia, Norberto Bobbio cita a Benjamin Constant quien hace una distinción entre la libertad de los antiguos y de los modernos.

“El fin de los antiguos -escribe- era la distribución del poder político entre todos los ciudadanos de una misma patria: ellos llamaban a esto libertad. El fin ele los modernos es la seguridad en los goces privados: ellos llaman libertad a las garantías acordadas por las instituciones para estos goces.””

Ambas concepciones son antagónicas, la participación en las decisiones colectivas termina por someter la libertad del individuo a la autoridad del conjunto. Constant, citado por Bobbio, dice:

“Nosotros ya no podemos gozar de la libertad de los antiguos, que estaba constituida por la participación activa y constante en el poder colectivo. Nuestra libertad en cambio debe estar constituida por el gozo pacífico de la independencia privada.””

El contemporáneo de Constant; Jean-Jacques Rousseau consideraba que el soberano, una vez constituido por la voluntad general, era infalible y no tenía porqué proporcionarle garantías a sus súbditos, pues era improbable que “el cuerpo quiera perjudicar a sus miembros”. Aunque, como dice Bobbio, Rosseau no ideó un Estado sin límites al poder.

Axel Kaiser y Gloria Álvarez, en El engaño populista, identifican la concepción de la democracia de los socialistas del siglo xxi con esta idea roussoniana. Hugo Chávez encarnaba la voluntad del pueblo y no se podía decir nada porque era lo que el pueblo quería.

“La persecución de opositores se hace bajo el pretexto de que la mayoría democrática apoya al régimen que la realiza, los ataques a la libertad de expresión y prensa son justificados en que el gobierno responde a la gente y no a los medios de comunicación, las confiscaciones de propiedad se amparan en el hecho de que el gobierno está respaldado por la mayoría que lo eligió y así sucesivamente.”

A Bobbio se le atribuye la concepción que vincula el respeto a los derechos fundamentales con la democracia; un régimen será democrático si respeta los derechos humanos y viceversa.

Andrés Manuel López Obrador, como buen reaccionario, propone la concepción de libertad de los antiguos. La mafia en el poder ha monopolizado el ejercicio de éste y López Obrador propone democratizar el ejercicio del poder a través de la democracia participativa y plebiscitaria, y echar mano de ella cuando las instituciones como el Congreso de la Unión o el Poder Judicial se opongan a sus mandatos.

“El pueblo no se equivoca” ha dicho el candidato presidencial de MORENA. Y, por supuesto, sólo él encarna la voluntad soberana del pueblo. El pueblo es su álter ego, por lo tanto el líder es infalible. Podrá rodearse de corruptos, que invariablemente terminan traicionando la confianza del líder, pero el líder es incorruptible.

Lo que está en juego en la elección del 2018 es la pérdida de nuestras libertades, concebidas como garantías acordadas por las instituciones para los goces privados. Los ejemplos sobran: es la voluntad del pueblo quitarle la pensión al ex presidente Fox, aunque sea un derecho adquirido y el ex presidente haya reiterado que la necesita para vivir. Es la voluntad del pueblo construir otra pista al aeropuerto militar de Santa Lucía, aunque el Fondo de Investigación del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MITRE) haya determinado la interferencia del espacio aéreo que sólo provocaría accidentes. Es la voluntad del pueblo otorgarle la amnistía a los narcotraficantes aunque hayan masacrado a cientos de miles de conciudadanos. El pueblo no se equivoca.

© Jorge Ikeda 2018