August 8, 2018

El hombre singular

Rob Riemen, en la obra Para combatir esta era: Consideraciones urgentes sobre el fascismo y el humanismo, critica la creencia de que la tecnología va a resolver todos nuestros problemas.

“Después de perder nuestra fe en Dios, empezamos a creer en el progreso, porque el futuro resolvería todos nuestros problemas.”

De acuerdo con Riemen, la ciencia y la tecnología no pueden enseñarnos nada sobre ética y valores. Para la ciencia, sólo existe la verdad, pero la verdad de la que habla Riemen es una verdad más alta. Por lo que concluye que la ciencia nos oculta esa verdad.

“La ciencia, y éste es su don más grande, nos permite conocer la naturaleza, pero no el espíritu. La ciencia debe trabajar con teorías y definiciones, pero el espíritu humano no puede ser expresado y capturado en teorías y definiciones, ni tampoco nuestro orden moral, el reconocimiento de lo que es y no es una sociedad justa.”

La recomendación de Riemen para conocer el espíritu humano se encuentra en la literatura, la historia, la filosofía y la teología.

“Toda forma de educación superior ha de ser científica, es decir, llena de teorías, definiciones y pruebas. Sin embargo, la literatura, la historia, la filosofía y la teología no saben de teorías, definiciones o pruebas. Estas disciplinas cuentan historias, historias sobre lo que implica ser humanos, sobre las limitaciones humanas, mismas que nos definen como personas. Su verdad no es científica, pues la verdad que ofrecen es metafísica, la cual nos ha sido arrebatada y ya no es enseñada en ninguna parte.”

Riemen vuelve a la vieja distinción helénica entre cuerpo y alma (Sócrates denominó a su método como mayéutico, como la comadrona él ayudaba a parir las almas). Esta distinción retoma su importancia ante la aparición del hombre-máquina o el hombre singular. El hombre singular no es una máquina, es “la perfecta fusión de hombre y tecnología, sigue siendo un ser humano, sólo que con las cualidades de un robot.”

Estas ideas provienen del “tecnoevangelista” Ray Kurzweil, quien postula que “el crecimiento exponencial de la tecnología hace posible una fusión entre los seres humanos, las computadoras y otros dispositivos.” A quien Riemen responde: “¿Pero saben qué otra cosa aumentará ex-po-nen-cial-men-te? ¡La estupidez!”

Riemen también critica el actual criterio que valora las cosas por su utilidad económica.

“Por lo tanto, los economistas se han vuelto los nuevos sumos sacerdotes de nuestra era, y declaran -en un lenguaje oracular de números y teorías- qué tiene y qué no tiene valor económico, qué debe existir y qué no.”

Riemen retoma el argumento que mantiene a lo largo de todo su libro contra el fascismo y en defensa de la democracia.

“El objetivo de la democracia es, por lo tanto, la educación, el desarrollo intelectual, la nobleza de espíritu, y la nobleza de espíritu es el arma más importante para impedir que la democracia degenere en una democracia de masas, en la cual la demagogia, la estupidez, la propaganda, la vulgaridad y los instintos humanos más bajos ganen terreno, hasta que inevitablemente den a luz al hijo bastardo de la democracia: el fascismo.”

© Jorge Ikeda 2018