September 20, 2018

La democracia puede morir

Anne Applebaum, en un artículo publicado en The Athlantic y que se titula “A Warning From Europe: The Worst Is Yet to Come“, sostiene la tesis de que dadas las condiciones adecuadas, cualquier sociedad puede volverse en contra de la democracia. Applebaum compara la profunda división de la sociedad polaca actual con la que aconteció en Francia con el caso Dreyfus. Lo mismo se puede decir que ocurre en México con los detractores y los seguidores del peje.
Applebaum afirma que la monarquía, la tiranía, la oligarquía y la democracia eran conceptos familiares para Aristóteles hace más de 2000 años, pero no conoció el Estado de un partido político que rige en China, Venezuela y Zimbabue, que fue creado en Rusia en 1917 por Lenin.

Para Applebaum, el Estado de un sólo partido político no es una filosofía sino un mecanismo para mantener el poder.

Funciona porque define claramente quién llega a ser la élite: la élite política, la elite cultural, la élite financiera. En las monarquías como la Francia prerrevolucionaria y Rusia, el derecho a gobernar se otorgaba a la aristocracia, que se definía a sí misma mediante códigos rígidos de educación y etiqueta.

En las democracias occidentales este papel se define por la competencia; hay campañas, votaciones, pruebas meritocráticas que determinan el acceso a la educación superior y al servicio civil, en un concepto: mercados libres. Aquí se podría encontrar el fundamento iliberal contra la reforma educativa en México; se trata de eliminar los concursos de oposición y volver a una concepción patrimonialista del poder en el que se pueden vender y heredar las plazas de maestro.

La diferencia radica, según Applebaum, en que en el Estado de un partido político no acceden a estos cargos los más capaces, sino los más fieles. La gente accede a estos cargos porque están dispuestos a conformarse con las reglas de membresía del partido. Applebaum cita a Hannah Arendt quien en 1940 decía: “Invariablemente reemplaza a todos los talentos de primer nivel, independientemente de sus simpatías, con esos chiflados y tontos cuya falta de inteligencia y creatividad sigue siendo la mejor garantía de su lealtad”.

De acuerdo con Applebaum, el Estado de sólo partido político de Lenin también desdeñaba al Estado neutral, a los servidores públicos apolíticos y a los medios objetivos. En México, los discípulos de Lenin le llaman prensa fifí.

Otra coincidencia en el texto de Applebaum con lo que pasa en México es el gusto por las teorías conspirativas: “esto es culpa de la mafia en el poder”. Desafortunadamente, como ocurrió en el caso Dreyfus, estas teorías tienen mucho de antisemitas.

Desafortunadamente, México no es ajeno al Estado de un sólo partido político; se sufrió durante la época del presidencialismo que se creía superada. Es hora de guardar los libros que hablan sobre la democracia y de desempolvar los libros de historia.

© Jorge Ikeda 2018