January 6, 2019

Clase inútil

Yuval Noah Hariri plantea un problema interesante. En los anteriores periodos de automatización, un campesino que perdía el trabajo por la automatización en el campo podía conseguir empleo en una fábrica de tractores. Después un obrero que perdía el trabajo, podía conseguir empleo como cajero en Walmart. Pero si ese empleado pierde actualmente su trabajo, es muy difícil que consiga empleo como piloto de drones. Y si aún así lograra hacerlo, se tendría que reinventar en pocos años porque los pilotos de drones ya no serían necesarios.

“En consecuencia, a pesar de la posibilidad de que aparecieran muchos nuevos empleos humanos, quizá presenciaríamos el surgimiento de una nueva clase “inútil”. De hecho, podríamos tener lo peor de ambos mundos, y padecer a la vez de unas tasas de desempleo elevadas y escasez de mano de obra especializada.”

Esta situación plantea el problema de estar permanentemente bajo el estrés de reinventarse y al mismo tiempo, de resistir los cambios cada vez más disruptivos. El autor incluso plantea reducir la velocidad de los cambios para permitir la adaptación o un sistema que permita a los desempleados educarse para las nuevas habilidades.

“Los gobiernos tendrán que intervenir, tanto para subsidiar un sector educativo durante toda la vida como para proporcionar una red de seguridad durante los inevitables periodos de transición.”

Esto no lo dice el autor, pero un problema similar planteaba el paradigma de la obsolescencia. En la medida en que lo aprendido en la Universidad se volvía obsoleto, se tenía que volver a estudiar lo nuevo, pero como no se puede estar todo el tiempo en la escuela, como lo plantea Harari, se tenía que aprender a aprender.

“Pero incluso si se dispone de ayuda suficiente del gobierno, ni mucho menos se da por descontado que miles de millones de personas sean capaces de reinventarse una y otra vez sin poner en riesgo su equilibrio mental.”

El desarrollo de Hariri lleva incluso a plantear una economía en que los seres humanos no seamos necesarios ni como trabajadores, ni como consumidores.

“De hecho, ya hoy en día ordenadores y algoritmos están empezando a funcionar como clientes además de como productores. En la Bolsa de valores, por ejemplo, los algoritmos se están convirtiendo en los compradores más importantes de bonos, acciones y mercancías.”

© Jorge Ikeda 2019