October 21, 2019

Summa Potestas Superiorem Non Recognos Cens

San Agustín cuenta que el emperador Alejandro Magno le preguntó al pirata: “¿Cómo te atreves a molestar al mar?” Y este le contestó: “¿Cómo te atreves tú a molestar al mundo entero? A mí, que lo hago con un pequeño barco, me llaman ladrón; a ti, que lo haces con una gran armada, te llaman emperador”. Detrás de esta historia está la pregunta sobre la diferencia entre el pirata y el emperador. ¿Cuál es la diferencia?
Robert Alexy cuenta la historia de unos bandidos que se hacen de un pueblo. Como trafican con los órganos de los habitantes, les prohíben el consumo de tabaco y alcohol. Incluso, llegan a establecer tribunales para juzgar las prácticas que consideran incorrectas. Y se pregunta si eso es un orden jurídico.
Alexy llega a una conclusión similar a la de San Agustín. Alexy dice que lo que le falta al régimen de bandidos para ser un orden jurídico es la pretensión de corrección. La diferencia entre el pirata y el emperador es la pretensión de justicia.
A esto último ha renunciado Andrés Manuel López Obrador, Presidente de México, al liberar a Ovidio Guzmán López e Iván Archivaldo Guzmán, los hijos del “Chapo Guzmán”, con el pretexto de salvar vidas. Como bien dice el periodista Carlos Loret de Mola, la liberación de estos peligrosos delincuentes no salva vidas, sino que pone en riesgo a la comunidad entera.
El 14 de octubre de 2019 fueron asesinados 14 policías en la comunidad de Aguililla, en Michoacán. En el sepelio, los familiares de las víctimas exigían dos cosas; la primera de imposible realización era que se los regresaran con vida, la segunda era justicia. Al liberar a peligrosos miembros de la delincuencia organizada, el Presidente está renunciando a la pretensión de administrar la justicia y nos devuelve a los tiempos de la vindicta privata o la lex talionis; “ojo por ojo, diente por diente”.
De acuerdo con las muy distintas y variadas versiones sobre los hechos, el Consejo Nacional de Seguridad Pública cedió al chantaje y liberó a los delincuentes, el Presidente López respaldó la decisión. Andrés Manuel borró la distinción entre el pirata y el emperador, ahora, tan delincuente es el Presidente como los hijos del “Chapo”.
Nada une tanto como la culpa; antes se pensaba que el Rey y el bufón estaban por encima de la comunidad y eran sacrificables. Los aztecas que sacrificaban a sus doncellas demostraron que nada une más que sacrificar a los miembros de la comunidad. La decisión presidencial de liberar a los hijos del “Chapo Guzmán” no lo vuelve más humanista ni pacifista, lo convierte en cómplice de las muertes de soldados y policías en el cumplimiento del deber.
José Francisco Fernández Santillán, en un tweet del 20 de octubre, dice: “Poder soberano significa poder sobre el cual no hay otro. Ese es el poder del Estado. Cuando AMLO aceptó el chantaje de los narcos, en ese instante entregó la soberanía y reconoció que el poder supremo lo tiene el crimen organizado…y dice que está espiritualmente tranquilo”.
El poder soberano no reconoce superior. Laura Sarabia en la Enciclopedia Jurídica Online dice que la frase “Summa Potestas Superiorem Non Recognos Cens” significa: “La más alta potestad, poder, no se reconoce, no es necesario.” (CC BY 3.0) A Andrés Manuel cada vez le va a costar más trabajo que le reconozcan su corona de oropel, después de la capitulación la gente se ha dado cuenta que el rey va desnudo.
El saldo de la detención y posterior liberación de los hijos del “Chapo Guzmán” fue de 13 muertos, entre ellos un miembro de la Guardia Nacional, un empleado de un supermercado y dos trabajadores de una carpintería. Sus muertes fueron inútiles y lo único que consiguió el Presidente López Obrador fue la más penosa humillación al Ejército mexicano de la historia reciente. Duele ver las imágenes de los sicarios conviviendo con los miembros de las fuerzas armadas. Convivencia obligada, pues ellos solo obedecen órdenes.

© Jorge Ikeda 2019